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UN SOPLO DE AIRE FRESCO EN OVIEDO.

UN SOPLO DE AIRE FRESCO EN OVIEDO.
Joaquín Bango durante la inauguración de la sala. / ALEX PIÑA
Joaquín Bango durante la inauguración de la sala. / ALEX PIÑA

Un soplo de arte fresco

Arte urbano mezclado con pop, fotografía y abstracción. Con esos galones se presentó anoche en Oviedo la galería Bango. Su responsable, Joaquín Bango, un joven de 25 años del que, a su edad, dicen de él que es el marchante más precoz de España -«me he enterado de eso hace poco», confesó-, estuvo rodeado de familiares y amigos que lo acompañaron en el trance de lanzarse, como emprendedor, a un ruedo como el de pintura y la escultura. Con los tiempos que corren, explica que la idea que le animó fue la de «promover el arte juvenil».

Porque a Bango su amor por las artes plásticas le viene de familia. «He estudiado arte, mis padres se dedican al mundo del arte y desde pequeño he estado en galerías, he organizado proyectos y exposiciones y ahora he saltado a la piscina. Es difícil, complicado, pero hay que arriesgarse, hay que intentarlo».

Su idea en la sala, ubicada en el número dos de la calle Asturias, es la de cambiar el concepto de galería «fría», estirada. Para artistas consagrados. «Quiero romper con la imagen fría y hacerla más cercana», añadió. El espacio, íntimo, partido en dos salas, no hace concesiones a la distracción. «En la parte de arriba, más urbana» el galerista pretende alojar a los pintores que están «trabajando en la calle» sin reconocimiento. Aquellos a los que todavía no les ha llegado el reconocimiento o tan siquiera una oportunidad.

La sala principal, por el contrario, será para «artistas mas consagrados y donde se exhiben varios estilos contemporáneos» pese a que el leit-motiv de la galería es «difundir el arte y que todo el mundo tenga una oportunidad de exponer. En otras galerías piden un montón de currículums y para algunas cosas sí, está bien, pero para un joven que está empezando no sirve», explica Bango. Así, dará una oportunidad cada mes a una persona que nunca haya expuesto. Sin cobrar nada por exhibir su obra salvo el porcentaje si se realiza una venta. «Hay que entender que los tiempos no son como eran», sentencia.

En la sala de abajo se mezcla la frialdad estética de una fotografía con «pura abstracción» y piezas de arte pop. «No destacaría nada salvo que pese a la mezcla la galería invita a observar, llena el espacio», cuenta el responsable que añade que, como curiosidad, exhiben en la apertura un cuadro del gijonés Aurelio Suárez perteneciente a una colección privada. Quien se anime a visitar la galería, recibirá el saludo forjado de la jirafa de Kiko Urrusti.

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

EL COMERCIO.